No sería para nada disparatado afirmar que la gran mayoría del público, tras abandonar toda sala en la que se hubiese proyectado La La Land (Damien Chazelle, 2016), llegó a su casa silbando las melodías de la banda sonora e intentando repetir la letra de sus canciones. Y es que lo que el director de Whiplash (2014) fue capaz de construir con La La Land no sólo fue una película con unas actuaciones, diseño de producción, vestuario o montaje sobresalientes, sino una obra con una vitalidad y una energía extremadamente contagiosas. Por supuesto, Chazelle se lo debe - en gran parte - al valiosísimo apartado musical con el que cuenta su trabajo: una joya que todos relacionamos con la virtuosa labor de Justin Hurwitz pero que también fue concebida por los discretos Benj Pasek y Justin Paul, los ganadores al Oscar por la canción City of Stars.
