viernes, 4 de septiembre de 2020

CRITICA | Mulan (2020)


Resulta prácticamente imposible analizar las adaptaciones a imagen real de los Clásicos Disney sin compararlas con sus a menudo fantásticas predecesoras. Y aunque parte de la culpa la tienen todos esos ruidosos fanáticos - que no amantes - de las viejas películas que se fijan en todas y cada una de las diferencias que hay entre ambas versiones para argumentar lo muy superiores que son los originales, al final la máxima responsable de estas comparaciones es Disney, que lleva años vendiendo al público productos reciclados tan desafortunados como La Bella y la Bestia (Beauty and the Beast, 2017) o esa aberración que se hace llamar El Rey León (The Lion King, 2019), dos filmes que han salido adelante sin que sus realizadores comprendan que el medio de la animación y de la imagen real no son para nada superponibles.

Sin embargo, en esta larga carrera de adaptaciones no todo han sido desastres. Si bien es cierto que el camino que se emprendió con la vuelta de tuerca de Maléfica (Maleficent, 2014) fue - además de innovador - un poco vergonzoso para con el relato original, las licencias que se tomaron en La Cenicienta (Cinderella, 2015) o Aladdín (Aladdin, 2018) funcionaron francamente bien porque fueron suficientes para dotar de un toque distintivo a cada una de ellas sin traicionar al espíritu de los títulos de animación. Por eso mismo Mulán (Mulan, 2020) parecía tan prometedora: todos habíamos asumido que no habría hueco para el fantástico repertorio musical de la original o para uno de los mejores sidekicks de la compañía, pero los comodines que se iban a utilizar en su lugar iban a ser un tono más adulto de su historia y escenas de acción como nunca antes habíamos visto. Lo dicho: toque distintivo sin traicionar a la original.

Es cierto que el filme de Niki Caro, que sigue centrándose en aquella joven que se hace pasar soldado para honrar a su familia y termina salvando al Imperio Chino, cuenta con una banda sonora con suficientes homenajes al trabajo de David Zippel y Matthew Wilder, un adecuado diseño de producción y alguna escena de acción resultona. Sin embargo, la grandísima carencia que termina lastrando el filme es la escasísima carisma y el poco sentido que se les da a todos sus personajes, devaluando sobremanera a una historia con mucho potencial. Lejos quedan el temible Shan Yu, el molesto Chi-Fu, la encantadora abuela Fa, los intrépidos Ling, Yao y Chien-Po o - por supuesto - el indestructible Mushu, la "vaca" Besi o el grillo de la suerte. Ahora, por muy correcta que esté Yifei Liu como Mulán, hay que conformarse con tres o cuatro soldados metidos con calzador, un villano carente de carisma alguna y una hechicera que encabeza una desaprovechada subtrama que, pese a poder resultar ¿apropiada? para los tiempos que corren, no está suficientemente trabajada.

Sorprendentemente, y a pesar de lo importante que deberían ser el guion y el diseño de los personajes para la supervivencia de un filme dentro de los mares de opinión, un sector importante de la crítica profesional - entre los que figuran reputadas revistas especializadas - han aplaudido la película y alabado el trabajo de Caro. Yo, como amante - que no fanático - de Disney y como público de a pie poco profesional, tengo que decir que esta adaptación a imagen real es de las peores que ha hecho hasta ahora Disney.  Y eso me parte el corazón, porque la de El Rey León ya me parecía terrible.


Jerry
Imagen vía The Walt Disney Company

1 comentario:

  1. muy interesante lo que escribes
    te mando un saludo desde una madrugada en Miami

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