Hay quien dejó de ver Broadchurch (Chris Chibnall, 2013) tras su primera temporada. El fenómeno televisivo que comenzó con uno de los crímenes más misteriosos de la televisión británica - el asesinato del pequeño Danny Latimer -, a pesar de mantener al público anglosajón al filo de la butaca durante sus primeros episodios, se desinfló tras dos remakes de cuestionable calidad (la estadounidense Gracepoint y la francesa Malaterra) y una segunda temporada que, aun resultando interesante, no supo estar a la altura de su predecesora. Sin embargo, y a pesar de los riesgos que conllevaba, Chris Chibnall se arriesgó a rodar una tercera - y última - entrega que sirviese como broche final para la historia de aquella pequeña localidad del condado de Dorset. Y la jugada le salió redonda.
