Por mucha expectación que la producción de Glass (M. Night Shyamalan, 2019) despertase, la inmensa mayoría del público no aguardaba lo nuevo de Shyamalan por ser la tercera parte de una trilogía nacida hace diecinueve años con El Protegido (M. Night Shyamalan, 2000), sino por comportarse como la secuela de Múltiple (M. Night Shyamalan, 2016), aquella película protagonizada por James McAvoy que sacudió la taquilla por la arrebatadora actuación de su protagonista y lo aparentemente revitalizado que parecía estar el cine del director de El Sexto Sentido (M. Night Shyamalan, 1999). Esto podría justificar por qué Glass ha sido capaz de aguantar varias semanas como número uno en taquilla a pesar de que la crítica haya hecho sangre con ella y de que el público - en general - esté saliendo de las salas disgustado, algo que no deja de ser sorprendente por lo esperables que eran todas y cada una de las irregularidades de la película.
