martes, 8 de marzo de 2016

Martes Criticón: Searching for Sugarman

Pocas semanas después de que decidiese dedicar parte de mi tiempo a ese género cinematográfico tan desconocido como es el de los documentales, el novio de una gran amiga mía me comentó que tenía una recomendación cinéfila que hacerme. Este buen hombre, cuya visión del Séptimo Arte para mí se volvió interesante en el momento en que captó - sin dificultad alguna – la llamémosla “esencia” de unos trabajos en los que había participado durante mi estancia en Londres, me recomendó el oscarizado documental llamado Searching For Sugar Man.

La recomendación me sorprendió por lo infrecuente que es recibir feedback de filmes como ese. Todos intentamos convencer a nuestros amigos para que vean un carísimo blockbuster o la penúltima película de Spielberg, pero muy poca gente recomienda documentales porque, para muchos espectadores, los únicos que existen son los de La 2.

Nada más lejos de la realidad.

● Año: 2012
● Director: Malik Bendjelloul
● Música: Rodríguez.
● Nominaciones a los Óscar: Mejor Documental (Ganador).
● Duración: 86min.



Casi ningún documental es como aquellos que solíamos ver de pequeños en La 2 y que tanta ansiedad generaban entre el público infantil por prolongar la espera a la emisión de El Chavo del Ocho. Así como Red Army (Gabe Polsky, 2014) - aquel documental que despertó mi interés por el género - se comportó como una deliciosa lección de historia y de buen cine a la vez, Searching for Sugarman instruye en el arte de la buena música, del aprovechamiento de las buenas historias y del alcance de los sueños imposibles.

Y es que, aunque la cinta de Malik Bendjelloul no sea el ejemplo perfecto para aprender sobre aspectos técnicos del Séptimo Arte, su brillo es más que notable por el excelente uso que le da a una historia que parece imposible: la de un tal Rodríguez.


La vida de este estadounidense de raíces mejicanas es la historia de un fracaso, la de una muerte, y la de la creación de un mito. Un mito del que, allá por 1970, se hablaba en Sudáfrica como quien habla hoy en día de algún fenómeno musical del calibre de – digamos – Coldplay. Y es que Sixto Rodríguez, que presuntamente se suicidó durante un concierto en EEUU a raíz del poco éxito que su música cosechaba en la famosa tierra de las oportunidades, era un auténtico ídolo en Sudáfrica: los niños crecían con sus canciones, sus discos ocupaban los estantes de todas las tiendas de música y, sin embargo, nadie sabía absolutamente nada de él. Era un auténtico misterio.

Por lo tanto, después de que el duro Appartheid tocase a su fin y de que la censura pasase a ser un fenómeno del pasado, en el país de Nelson Mandela se dieron una serie de coincidencias que terminaron con la creación de una página web y la forja de una historia, magistralmente presentada en este documental, que parece una broma del destino mágica y desoladora.


Sin embargo, y sin querer aguar la fiesta a nadie, el precioso relato que los familiares de Rodríguez cuentan en la película, aunque esté totalmente justificado por la extraordinaria verdad que vivía oculta en la conciencia del cantante, está sesgado: los discos de Rodríguez llegaron también a Australia, donde – entre 1979 y 1981 (es decir, antes de que los sudafricanos supiesen de su existencia) – hizo algún que otro tour. Esta anécdota – que, considerando lo que se cuenta en el documental, deja de ser anecdótica - ha tenido tanto peso que una amplia mayoría de los espectadores criticó sin piedad la película por no presentar todos los datos que debiera.

Pero es que, lo que muchos no saben es que precisamente esa es la magia del cine; una magia que si bien es cierto que no debería aprovecharse para realizar documentales de trasfondo histórico, es inevitable que asome en un producto que, al final del día, no deja de ser parte del Séptimo Arte. Un arte que, en este caso, ha decidido contar la historia de un mito a través de los ojos de una población aislada del resto del mundo: una población que tuvo que experimentar un éxtasis indescriptible al saber que su ídolo musical no había muerto. Estaba vivo, y les haría una visita.

Si esto no es mágico, apago y me voy.

●Te gustará si: quieres presenciar la historia real de cómo se pasa de ser un cero a la izquierda, a un auténtico héroe.

● No te gustará si: te mosquea el inmenso sesgo que se esconde en los fotogramas de la película.


Jerry
Imágenes vía Sugarman.com & Vimeo.
Póster de IMP Awards.

2 comentarios:

  1. Hola! No conocía la película pero me ha picado la curiosidad! Gracias por la crítica.

    Un saludo!

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    Respuestas
    1. ¡De nada! ¡Y no te pierdas la película!

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