Aunque el objetivo de los premios Oscar de la Academia sea reconocer anualmente el talento y la calidad cinematográfica de las últimas películas estrenadas, tanto las nominaciones como la ceremonia de entrega - y toda la parafernalia que la rodea - se valen del panorama social del momento para ganar prensa, hacerse escuchar y dirigir las nominaciones y premiados sobre unos colectivos u otros, poniendo así en riesgo la presunta objetividad que los gobierna. Prueba de ello es que, en la que funcionará como su nonagésima ceremonia, se ha ignorado por completo a la que hace tan sólo unas semanas resonaba como una de las favoritas: The Disaster Artist, la nueva - y espléndida - película dirigida y protagonizada por James Franco.
