martes, 4 de abril de 2017

CRITICA | La Bella y La Bestia (2017)


Se dice que en el arranque del clásico animado La Bella y La Bestia (Gary Trousdale & Kirk Wise, 1991), la protagonista llevaba puesto un atuendo color azul para diferenciarla del resto de individuos que vivía en aquella localidad francesa. Este desconocido - y aparentemente pequeño - detalle, contribuía al ensalzamiento de la figura de Bella, diferenciando su carácter de aquel de otras princesas Disney y dejando claro que era ella - una "joven bonita y extravagante" - la adelantada a su tiempo, la culta y la inteligente, una reivindicación para nada desdeñable.

Curiosamente, en la recientemente estrenada adaptación a imagen real firmada por Bill Condon, la secuencia de aquel 'Bonjour!' - uno de los momentos estrella de la historia - no destaca por nada en concreto. Si bien es cierto que en ella queda claro que Disney no se equivocó a la hora de contratar a Emma Watson para el papel de la que probablemente sea la princesa Disney más estudiosa e independiente de todas (jugando así con el pasado de la actriz como Hermione Granger y su labor por los derechos de la mujer), en aquellos primeros minutos de nostalgia musical uno podía encontrar color azul por todas partes: en las calles, en sus recién amanecidos vecinos y en la misma protagonista. A pesar de que Watson hacía, decía y cantaba lo mismo que lo que el dibujo animado ya hizo, dijo y cantó allá por los años noventa, aquel brillo que sí portaba consigo la Bella del clásico animado, no terminaba de estar presente en el arranque de la cinta de Condon. Todo resultaba extrañamente familiar... sin terminar de serlo del todo. Y eso, señores, es un problema.

Así como las anteriores adaptaciones a imagen real de la casa de Mickey Mouse - El Libro de la Selva (Jon Favreau, 2016) aparte - se alejaban un poco de los clásicos y aportaban cambios relevantes a su historia, en la nueva versión de La Bella y la Bestia se ha optado por mantener una fidelidad escrupulosa a la historia, diálogos y canciones de su predecesora mientras - por el "qué dirán" - se han incluido dos o tres canciones originales (y alguna nueva subtrama) a las que sólo un firme amante del cuento original dará valor. Ante esto, un agnóstico como yo no sólo no encontró en esos pequeños detalles la significación que éstos presuntamente infunden a una historia que no deja de ser un calco del original, sino que, en su lugar, consiguieron que fijase mi atención en uno de los apartados que más puede influir en su propio desarrollo: la dirección.

Bill Condon, un cineasta con renombre y una trayectoria cinematográfica cuestionable, ha optado por traer al mundo este cuento de hadas de la misma forma con la que Tom Hooper trajo a Los Miserables (2012): con un manejo de la cámara caótico, lleno de planos innecesarios, encuadres que no dejan respirar a la imagen y cortes que privan al espectador de disfrutar del esplendor de ese extravagante castillo sediento de CGI. Y es que, aunque puede ser complejo reconocer una buena dirección mientras se ve una película, es extremadamente sencillo identificar a aquellas cuya dirección ha sido mediocre. Y La Bella y La Bestia de Condon es el ejemplo perfecto de ello.

Por desgracia, las virtudes La Bella y la Bestia son muchas, complicando así el juicio de valor que se pueda hacer sobre ella. Queriendo jugar con la nostalgia de los amantes del clásico y esforzándose en resucitar la fiebre de un filme que revolucionó el panorama cinematográfico de su década (recordemos su más que merecida nominación al Oscar en la categoría de Mejor Película), las cabezas pensantes de Disney trajeron de vuelta a Alan Menken para que hiciese una revisión de su propio trabajo, se hizo una labor de casting espectacular, se compusieron nuevas piezas musicales que alcanzan el estándar impuesto por aquellas de la cinta de animación, y se desarrolló un diseño de producción que supera con creces el mínimo impuesto por la comunidad fan. Por lo tanto, así como no es viable dejar de reconocer el mérito de esta adaptación, tampoco se puede decir que La Bella y La Bestia de Bill Condon no va a tener que cargar con una de las peores maldiciones de la industria: la de una dirección torpe que estuvo a punto de echar por tierra lo que nadie negará ha sido un muy bienintencionado y destacable trabajo.


Jerry
Imagen vía Screenrant

3 comentarios:

  1. Algo que siempre admiré y que, a mi parecer, puso por encima "La Bella y La Bestia" de otros clásicos de Disney, es la ambientación de cada escena, desde el tono de voz, las expresiones faciales de los personajes (perfectamente animados), los colores, la escenografía, luces, etc. Cuando me encontré con esta adaptación, llena de expectativas y, sin dudas, con mucha nostalgia, después de haber disfrutado la adaptación de 'El Libro de la Selva" (la cual me pareció espectacular), me encontré con una película densa, con guiños interesantes, pero sin la esencia que sólo "La Bella y la Bestia" logran transmitir.
    Creo, desde mi humilde opinión, pudieron haber sacado mucho más jugo a la adaptación apuntando a lo que éste film significa para el público amante de Disney quienes, en definitiva, esperaban con ansias su estreno.
    Me quedo con el clásico!

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    1. Yo también, así que estoy muy de acuerdo contigo, Juli. Lo más positivo de todo esto es que, para mí, el intento ha merecido la pena. La calidad de las adaptaciones a imagen real de Disney está creciendo poco a poco, así que esta película - a pesar de todos sus fallos - es un paso adelante. ¡Gracias por comentar! ¡Un saludo!

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