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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Jerry Jones y el Cine Maldito: Ir Solo al Cine.


Hay veces en las que el destino me odia. Escribo esto en plena Semana Santa, soportando un patológico calor producto de alguna ciclogénesis explosiva aún no descubierta que favorece que mi hiperhidrosis (a la que a veces llamo hidronefrosis por eso de que tengo algún tipo de afasia de Wernicke no diagnosticada) florezca hasta límites insospechados. Yo quería hacer algo útil con mi vida aquella tarde de Abril. Ya sabéis: estudiar, sacar a pasear al perro que no tengo, terminar trabajos pendientes, hacer punto, trepar por las paredes de mi cuarto y colgarme para jugar a ser una lámpara, etc. Sin embargo, cuando tu impresora decide no hacerte caso a pesar de que no pares de hacer click en la opción “imprimir” o tu conexión a internet te asegura que está en pleno rendimiento aunque tu estés presenciado in situ que eso no es así, el destino deja de quererte y te impulsa a hacer cosas malas. “Cosas nazis” – como diría Peter Griffin (o una excelente hematóloga).

Por ello, ante la alineación de los astros para que no estudie o haga cosas académicamente necesarias, se me ocurrió ir al cine. Era miércoles, así que el precio no habría sido un problema (recordemos: 3,90 – 3,90 – 3,90) y no me habría costado nada encontrar algún acompañante. Como mi novia no se encontraba en Madrid porque - muy sabiamente - se había ido a la playa, decidí escribir en el grupo de whatsapp familiar (somos unos modernos en mi familia, hasta nos enviamos vídeos graciosos del estilo de la Blancanieves Ibérica) proponiendo hacer un plan familiar de esos que tanto gustan a los padres. Sin embargo, antes de manifestarlo públicamente, decidí consultar a mi hermano pequeño (o lo que es lo mismo: un acompañante asegurado). Imaginaos cuál fue mi sorpresa cuando el renacuajo, muy avergonzado y con un tono de voz que hacía evidente la lástima que sentía hacia su hermano de 23 años sin potenciales acompañantes para ir al templo de Séptimo Arte, me dijo: “Es que es la final”. La final del maldito fútbol. No sé si lo sabíais, pero las finales de fútbol no son como los Óscar: no se pueden ver a las 02:00am. Se tienen que ver en maldito horario corriente: a las 21:30. Maldita sea. Tendré que ir al cine solo, porque si mi familia falla por el fútbol, mis amigos fallan, y – aunque tenga que vigilar de cerca a mis enemigos – no me apetecía llamarles. Tendré que volver a ir al cine solo y experimentar todo lo que eso conlleva.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Jerry Jones y El Cine Maldito: La Maldita y Versátil Pregunta Cinéfila


Muy en contra de lo que muchos opinan, soy una persona extremadamente vergonzosa y, como tal, hay ocasiones en las que el corazón me comienza a latir a mil por hora, mi cara se congestiona, las cuerdas vocales comienzan a experimentar un tembleque más que descarado, y mi orgullo entra en un agujero negro de difícil escapatoria.

Hasta hace muy poco tiempo, esa vergüenza se manifestaba, con una excesiva frecuencia, en el sitio en el que menos me compensa ponerme nervioso (obviamente, el cine) por el simple e injusto hecho de que la gente no tiene ni maldita idea del maldito séptimo arte y, sin embargo, tienden a articular una pregunta maldita que es - paradójicamente - extremadamente versátil para la vida cinéfila de todo humano contemporáneo.

No, mucha gente que va al cine con frecuencia en realidad no tiene ni idea de lo que hace (y mucho menos de lo que pregunta). Ya no hablo de conocimientos cinematográficos que les permitan valorar si una película es buena técnicamente hablando o no, sino de que este prototipo de público sólo acude a una sala para ver las películas que, o bien están de moda, o bien son las más sonadas, no por su calidad, sino por las estrellas que figuran en el reparto (entre otras causas que, honestamente, no me apetece un rábano discutir). Es decir, cine comercial en su gran mayoría; nada de indie, nada de directores desconocidos, nada de títulos raros, nada de personalidad, ni valor, ni esas cosas paranormales, ni tal y cual, ni quién sabe. Como los patos, vamos.

Y, bueno, mi desafortunado amago de conocimiento cinematográfico me ha llevado en varias ocasiones a experimentar la más injustificada vergüenza ante individuos preguntones y, paradójicamente, “ignorantes” que pasan de todo menos de curso (sí, me apetece decir estupideces para camuflar lo bochornosas que pueden ser mis aventuras en mi amado santuario). Ajamen y aguamen.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Jerry Jones y El Cine Maldito: Para Cagarse de Miedo.



El cuarto de baño de los cines es uno de los sitios más ridículos que conozco. Esto que no creo que se deba a su más que cuestionable utilidad (al cine se va a ver una película y no a plantar pinos), sino a que yo en los baños de los cines he vivido una serie de catastróficas desdichas dignas de ser planteadas en algún estudio como guión de película de terror.

Como siempre pasa, mis traumas cinéfilos tienen su base fundamentada en algún evento infantil que desencadena una reacción en cadena con consecuencias nefastas para la salud mental de la sociedad. Esta vez yo tenía la adorable edad de seis anos (¿he dicho años?), y había ido al cine a ver 101 Dálmatas Más Vivos Que Nunca con toda mi familia (hermanos, primos, tíos…). Estaba encantado viendo la adaptación de una de mis películas de dibujos favoritas en una sala con una pantalla enorme, acompañado por mi hermana, mis primas y mis palomitas... Todo era perfecto. Sin embargo, ese estado de embriaguez infantil iba a durar poco porque tenía un serio problema: me estaba cagando.

Creo que después de lo que os voy a contar, ya no me veréis con los mismos ojos. Quizás exceda los límites de lo integrado en el término "escatológico", pero eso mola, gusta y genera muchas visitas. Así que, ajo y caca.

martes, 5 de febrero de 2013

Jerry Jones y El Cine Maldito: Anuncios Memorables



El otro día acudí a mi cita semanal en el cine y me di cuenta de que los anuncios que se proyectan ya no son lo que eran antes.

No estoy hablando de los trailers – que tampoco son lo que eran antes porque ahora les ha dado por proyectar avances de películas que llevan meses en cartelera – sino de esos míticos anuncios de restaurantes o mesones que nadie conocía, o de esos otros de leche en los que Belén Rueda nos intentaba convencer de que mantenía sus huesos sanos a costa de una ingesta adecuada de, pues eso, leche.

Sí, hablo de los anuncios que nadie quería ver, que todo el mundo evitaba antes de entrar en la sala del cine y que, sin embargo, tenían un encanto especial. Un encanto tan sumamente especial que, una vez, uno de esos anuncios fue motivo de una de las situaciones más vergonzosas de toda mi vida.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Jerry Jones y El Cine Maldito: El Despotismo Ilustrado en el Cine



Es sábado 15 de Diciembre y estoy a menos de un mes de exámenes pero no puedo estudiar. No puedo estudiar porque estoy muerto de miedo… Hoy voy a ver El Hobbit: Un Viaje Inesperado y el ácido gástrico de mi estómago está destrozándome por dentro, mis glándulas salivales han dejado de funcionar y tengo la boca muy seca por la excesiva actividad simpática que mi organismo está sufriendo. Y encima tengo taquicardia e hiperventilo, así que probablemente esté entrando en alcalosis respiratoria por el descenso de ácido que estoy sufriendo. Quizás muera ahora mismo sin haber visto El Hobbit.

El Hobbit va a acabar conmigo. Te maldigo Peter Jackson por la película. Maldigo el día en el que decidiste hacerla porque, no sólo me da miedo que hayas creado una película que no alcance mis expectativas (aunque confío plenamente en ti), sino que también me aterroriza la idea de que voy a ir al cine con ocho amigos y amigas mías.

Ocho personas. Y no tengo buenas experiencias en el cine con ocho malditas personas.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Jerry Jones y el Cine Maldito: Cómo NO llevar a tu novia al cine


Hace tiempo tuve una novia a la que decidí llevar al cine porque, ir al cine (digan lo que digan las asquerosamente malditas comedias románticas), es el típico plan de novios. Yo quería presumir de ser alguien en la vida: soy maduro, moderno y sé dónde llevar a mi ingenua novia, ¿vale?

Por aquel entonces, yo rozaba la mayoría de edad y comenzaba a ser un forofo del Séptimo Arte. Aunque, atención, quien dice forofo se refiere a ese tipo de personas que presume de amar algo cuando en realidad no tiene ni la más remota idea de qué es exactamente lo que tiene que ser amado (sí, yo tengo mi propia RAE: así me las gasto en mi tiempo libre).

Ante esta desconocida ignorancia, yo no apreciaba aún la oscurísima cara oculta de las críticas de cine y, asquerosamente seguro de mí mismo, escogía la película según el número de estrellitas que algún crítico de algún periódico de alguna comunidad autónoma le otorgase. Sí, sí, sí: pura genialidad.

Asi que elegí una comedia indie. Yo no tenía ni puñetera idea de lo que era una maldita película indie pero, ¡qué demonios!, sonaba muy cool y probablemente sería la elección perfecta para sorprender a mi chica.

Sí, señores: quería sorprenderla porque no sabía con qué narices sorprenderla. El perfil de novio que ella se estaba dibujando en su joven mente era la de un inseguro patán carente de iniciativa que se limitaba a recurrir a un mismo plan día tras día para después volver a casa con un miserísimo beso robado. Maldita sea la jodida* pubertad y la maldita ignorancia cinematográfica.

Lo consulté con ella y la pobre, fiándose plenamente de alguien que alardeaba de saber de cine aunque no resultase extremadamente convincente en otros terrenos de la vida moderna, accedió. Y ahí comenzaron los problemas.


lunes, 6 de agosto de 2012

Jerry Jones y El Cine Maldito: El Héroe de la Sala 15


El cine es un lugar lleno de factores que pueden desencadenar un terrible apocalipsis cinematográfico de proporciones bíblicas y, a pesar de que tenga muchísimas anécdotas que os puedo contar, esta vez voy a narrar los eventos que tuvieron lugar el pasado día 2 de Agosto de 2012: el día que elegí para ir al cine a ver la extraordinaria El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace.

Como muchos sabréis, he estado un mes entero fuera de España alejado de todo contacto con el séptimo arte y, desde el día 20 de Julio no podía dejar de pensar que la nueva entrega de la saga Batman había salido en cines y yo aún no la había visto. Así que fue ese mismo día cuando decidí que vería el filme el día dos de Agosto: por las buenas, o por las malas.

Llegó el día y aunque os podría narrar todo lo que hice y la cantidad de infortunios que tuvieron lugar ese día, voy a pasar directamente al momento en el que llegué al cine.


miércoles, 20 de junio de 2012

Jerry Jones y el Cine Maldito: Incumplimiento de la Guía Palomitera



Para todos aquellos que se rieron cuando leyeron mi Guía Palomitera, hoy les traigo una nueva aportación que no voy  abordar de esa forma tan cómicamente irritable: si pensabais que comer palomitas es algo absolutamente carente de cuidado alguno, os voy a hacer cumplir al pie de la letra mi cuasi-psicótica guía.

Y todo esto porque os voy a presentar una triste noticia REAL que encontré el otro día de casualidad. No dejéis de leerla para valorar la locura extrema de la gente y el evitable descuido de otra…

miércoles, 9 de mayo de 2012

Jerry Jones y el Cine Maldito: Guía Palomitera



Comer palomitas en el cine es algo absolutamente divertido, placentero y satisfactorio siempre y cuando sepamos cómo hacerlo y seamos capaces de no suponer una verdadera pesadilla para nuestros fellow compañeros de sala. Esto lo digo porque en más de una ocasión la poca compostura de otros espectadores ha despertado dentro de mí la fiera que llevo dentro.

Por ello, os ofrezco mi Guía Palomitera, un sencillo manual de instrucciones que debéis estudiaros al pie de la letra si queréis venir al cine conmigo o con algún cinéfilo que también tenga hipersensibilidad al comer palomitas ajeno. He de decir que todas y cada una de las reglas que ahora os describiré están basadas en alguna conducta que he observado, escuchado u olido en el cine.

lunes, 2 de abril de 2012

Jerry Jones y el Cine Maldito: Perfiles Cinéfilos



Hace unos días, el tweet de una amiga mía me hizo reflexionar mucho acerca de las diferentes perspectivas con las que el público contempla el cine… Y esto es un milagro en mi persona porque me cuesta muchísimo creer que el cine pueda ser entendido de distintas maneras.

Resulta que me es muy complicado porque, como muchos de vosotros ya sabréis, soy una persona cinematográficamente intolerante y me supone un esfuerzo sobrehumano ponerme en la piel de otros en cuanto a películas se refiere: si a mí me gusta cierto filme y esos “otros” dicen “vaya mierda de película”, inevitablemente se desatan dentro de mí una serie de reacciones catabólicas que provocan una sobredosis de ardores corporales cuyo resultado final es el despertar de conductas cinematográficamente asesinas.

Por otro lado, si otro espectador refleja la misma ilusión que yo por una película determinada, entonces ocurre todo lo contrario y mi alegría le da cuerda de forma incontrolada a mi lengua y cuerdas vocales para convertirme en un cinéfilo con una verborrea que roza lo políticamente insoportable. Sí, no será la primera vez que me he hecho amigo de alguien por el simple y curioso desencadenante de tener en común el amor (sí, “amor”) por un filme.

En fin, volviendo a mi reflexión: ese tweet me hizo ver que existen muchos perfiles dentro del público de un cine así que he decidido compartirlo con vosotros [ojo al dato: algunos nombres son absolutamente ridículos, pero no pasa nada: soy Jerry y esto es Jerry Jones y El Cine Maldito: aquí todo vale]

jueves, 8 de marzo de 2012

Crónica Catastrófica de una Noche en el Cine (Parte II)




El otro día os describí un evento cuasi-apocalíptico que puso a prueba mi paciencia y que estuvo a punto de hacer emerger al psicocinéfilopata que llevo dentro.  Ahora os voy a contar el evento que lo consiguió.

Segunda Parte: Los Créditos finales
(y de cómo hacer que la venganza sea servida recalentada)

Hay ciertas conductas que deberían estar prohibidas en el cine.

Cuando vi aparecer los créditos finales de “El Topo”, una brillante película de espías que cuenta con unas interpretaciones magistrales y una ambientación excelente, se dibujó en mi rostro una enorme sonrisa de satisfacción: “Hoy ha sido un gran día de cine” - pensé.

Sin embargo, cuatro segundos después, estuve a punto de morder la butaca, gritar de furia y tirarme de los pelos por el desafortunado comentario de un simple adolescente que, claramente, no sabía valorar lo que es “el cine” y que, además, no tenía dos dedos de frente.

Ese necio adolescente se levantó de la butaca en el típico momento en el que todo el mundo sigue sentado contemplando los créditos finales, se empezó a poner el abrigo y dijo a voz en grito mientras dejaba emerger de su boca una risa de lo más forzada y sobrecargada de mofa: “Menudo coñazo, ¿quién ha elegido esta película?

En ese mismo momento, deseó no haber nacido.

lunes, 20 de febrero de 2012

Crónica Catastrófica de una Noche de Invierno en el Cine


Hoy he ido al cine de muy buen humor. No iba desde que vi Star Wars: Episodio I en 3D y tenía mono de ver algo grande, algo prometedor.

Sin embargo, todo se ha convertido en una temible pesadilla que se va a quedar grabada en mi cabeza durante un largo período de tiempo. Ha sido tan frustrante que me veo obligado a contaros cada detalle de esta noche y, debido a la extensión de los acontecimientos, tendré que dividir estas memorias en dos artículos de la sección “Jerry Jones y El Cine Maldito”.

[Antes de comenzar esta Crónica Catastrófica de una Noche en el Cine quiero decirles a mis amigos, si algún día leen esto, que yo les aprecio muchísimo y que no voy a dejar que mi psicosis cinéfila sea un problema para nuestra amistad. Además, les pido de antemano perdón por revelar conductas acinéfilas. Dadme las gracias, no pondré vuestros nombres]

Primera Parte: El Viaje 
(y de cómo una conversación puede terminar en explosiones, llantos y Tomates Podridos).

En el trayecto de mi casa al cine, mis amigos y yo hemos empezado a hablar de cine. Íbamos tres personas en el coche, de las cuales sólo considero que yo sé del séptimo arte.

Esto no implica que mis amigos no se lo pasen bien en el cine: ellos disfrutan como enanos, pero no saben captar una esencia que es terriblemente difícil de describir para mí. Ellos disfrutan de una buena película (aunque no tienen claro qué significa “buena” para ellos) en el “aquí y el ahora” y yo disfruto con el “aquí, el ahora, y los siete días posteriores”. A mí cuando una película me gusta, me entusiasmo, y puedo tener puesta en el perfil de mi móvil la foto del protagonista durante quince días.

Total, durante el viaje, yo he dicho que “The Artist” es una buenísima película porque uno mis traicioneros colegas ha mencionado que se fue al cine pero que eligió “El Invitado” frente a la ya mencionada obra de arte. Entonces yo, consternado, he comenzado una conversación que más tarde lamentaría.

- “¿Cómo es que no te metiste a ver The Artist en vez de El Invitado?” - pregunté
- “Porque es muda, tío” – me contestó mi amigo.
- “Pues yo fui a verla y me encantó, es un peliculón”
- “Tío, ¿cómo pudiste ver esa película? ¡Está ambientada en 1927 y es muda!”

Debéis saber que soy una persona extremadamente maniática y que uno de mis terribles defectos es que no puedo soportar que alguien hable de cine sin criterio. Me da igual que mis amigos hablen de política sin tener ni idea, o que se inventen cosas para hacernos creer alguna historia… Pero no puedo tolerar que alguien hable del séptimo arte sin criterio, con prejuicios, sin pensar con sentido común o, lo peor de todo, sin darse cuenta de que negarme a mí algo relacionado con el cine es bastante ofensivo.

Es ofensivo porque yo siempre que hablo de algo relacionado con el cine, estoy absolutamente seguro de lo que digo. Si no lo sé, no sigo hablando… Pero si lo sé, lo digo, lo repito y, si es necesario, me enfado. Quizás no sepa mucho de política, de conflictos bélicos o de fútbol, pero sí sé de cine. Y que alguien me lleve la contraria, me resulta frustrante.

A pesar de todo he de reconocer que la gran mayoría de las veces yo me equivoco y no soy nada tolerante con las opiniones cinematográficas de los demás… Pero estoy intentando mejorar.


Total, ante semejante comentario, han ardido dentro de mí cosas que no queréis saber y, con mi más suave tono de voz (cargado de espadas, dagas, hachas, ametralladoras y cianuro) he contestado:

- “Una película no necesariamente deja de transmitir por el hecho de ser muda”

¡¡ZAS!!

Pero resulta que mi amigo tiene también un gran defecto: no se da cuenta de cuándo se está metiendo en la boca del lobo y de cuándo mis comentarios están cargados de mensaje aniquilador.

- “Pero, ¿cómo pudiste verla? ¡Si además sólo la ponen en versión original!”

Aquí, la cabeza me ha explotado y mis sesos han salpicado a mi amigo conductor, que guardaba silencio, provocando así un accidente en la vía pública cuyo desenlace ha consistido en una increíble explosión que ha dejado ilesos a mis dos compañeros y que a mí, sin embargo, me ha dejado triturado en pequeños trozos de carne humana necrosada.

Si he explotado, ha sido porque mi amigo se ha delatado: estaba hablando por hablar, por llevarme la contraria y sin pararse a pensar que a lo mejor en una película muda no se escuchan las voces de los actores y que, por ello, el problema del idioma no sería tan problemático (sí, que viva la reiteración).

Por lo tanto, le he mirado fijamente a los ojos y le he dicho:

- “Tío, es una película muda”

Pero él no se ha dado por vencido, él quería probar que la película era mala y que la elección de El Invitado era mucho mejor que la de The Artist. Y entonces, más tarde, ha dicho:

- “¿¡Y encima es en blanco y negro!?

Él se ha reído y a mí el esfínter esofágico inferior se me ha relajado, por lo que todo el ácido gástrico me ha quemado el esófago y no me ha dejado contestar... Me he quedado mudo y él no dejaba de hacer preguntas y comentarios.

- “Pero, ¿no hablan nada en la película?”
- “A mí me ha dicho que hablan”
- “Qué horror”

Mi amigo no había terminado de entender lo que yo le estaba intentando hacer ver. Y yo me estaba empezando a frustrar muchísimo, hasta que me he dado cuenta de que, desgraciadamente, su concepción del cine es muy distinta a la mía. Y ahí ha aflorado la tolerancia.

Pero entonces ha intervenido mi otro amigo (el conductor) y ha soltado un comentario que me ha dejado K.O.

- “A mí personalmente no me atrae nada esa película… No sé, ya sabéis que yo soy más de películas de amor y lujo

Entonces he tenido un infarto con elevación de ST, mi corazón ha entrado en fibrilación ventricular, me ha visitado el fantasma de las Navidades Pasadas y he sufrido una muerte fulminante.

Pero por un lado, esta última aportación (a pesar de sonar a broma pesada y ser totalmente verídica) tiene cierto sentido. Y ha sido ese “sentido” el que me ha hecho callar y coger el móvil para hacer que iba a escribir a alguien interesante. Es cierto que soy un fiel defensor de que el cine es algo subjetivo y que, por ello, todo el mundo tiene sus afinidades… Pero a la vez soy cinematográficamente intolerante y me resulta muy difícil aceptar que mis amigos no tengan la misma concepción del cine que yo.

Y, lo peor de todo, es que no hago nada por mejorar esa actitud intolerante: lo primero que he hecho al llegar a casa ha sido ir a la página web Rotten Tomatoes y ver la puntuación de cada película:

- The Artist: 97% [Nominaciones a los Oscar: 10, Ganadora del Globo de Oro a Mejor Película y Mejor Actor – Comedia o Musical, Ganadora del Premio BAFTA a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión Original, Mejor Actor, Mejor Fotografía, Mejor Música Original, Mejor Diseño de Vestuario]

- El Invitado: 51% [Nominaciones a los Oscar: 0, Nominaciones a los Globos de Oro: 0, Nominaciones a los BAFTA: 0]

Yo, intolerante.
Vosotros, insensatos.

[Continuará]

Jerry.

sábado, 11 de febrero de 2012

Jerry Jones y El Cine Maldito: El Ciclo de las Palomitas



Salas, películas, acomodadores, gafas 3D, pósters, tráilers y… palomitas.

Sí, cuando alguien piensa en cine, inmediatamente lo asocia con esos aperitivos de color blanco y formas exóticas producto del estallido de un Kiko que tanto gustan a los mortales a pesar de ser una absoluta bomba de calorías.

Saladas, dulces, de colores, pegajosas, suaves, metidas en recipientes que pueden ser de tamaños terriblemente rancios o excesivamente grandiosos, combinadas con apetitosas bebidas refrescantes, incluidas en tentadoras promociones … ¡Es inimaginable la amplia gama de tipos y presentaciones que hay en torno al mundo de las palomitas!

Y con todo eso, ¿quién se puede resistir? ¡Prácticamente nadie! Afrontémoslo: el cine hace caja con las palomitas (¡son hasta más caras que las entradas sacadas por internet!) y, nosotros, incluso sabiendo que se nos van a ir cerca de diez euros al comprarlas, nos vemos tan exageradamente atraídos por ellas, que nos las compramos.

Pero claro, todo es bastante comprensible teniendo en cuenta que, además de lo buenas que están, al pasar por los puestos de bebidas y tentempiés, estos están infestados de empleados uniformados y sonrientes que no hacen otra cosa que mirarte mientras insinúan: “El olor te está tentando, lo sabes… Así que ven aquí y cómprate unas buenas palomitas”.


Sí. Las palomitas son un clásico del cine que resultan sorprendentemente adictivas y que atraen a grandes masas de espectadores que prefieren comprárselas a cenar después de ver la película.

Sin embargo, no todo lo que reluce es oro y, como la gran mayoría de los placeres alimenticios, tienen una gran cantidad de defectos que, puestos todos juntos, forman una cadena de catastróficos eventos de lo más cancerígenos para la correcta visualización de un filme.

El Precio.
¿Es el precio de las palomitas desproporcionado con lo que verdaderamente son?  Puede que sí, pero como fiel amante de esas explosivas delicias, me da igual: las palomitas están más buenas si se compran en el cine y se comen mientras se ve una película en condiciones.

La Sed.
Las palomitas son deliciosas pero originan una incómoda sensación de sed que debe ser paliada a toda costa con una de esas refrescantes bebidas que nos ofrecían los sonrientes empleados.

Así que, si no te has comprado alguna bebida, esta película será tu perdición y, tarde o temprano, te arrepentirás de no haberlo hecho: la sensación de sed producto de la ingesta de palomitas es tremendamente incómoda y desagradable.

El Baño
Vale, las palomitas están deliciosas pero producen sed. Por eso, bebemos una barbaridad de Coca-Cola, Fanta de naranja o simple agua y, con ello, aumenta el volumen de líquido en el organismo, nuestros riñones comienzan a filtrar más de lo normal y, como resultado final, nuestra pequeña vejiga agoniza por la incómoda orina que ha decidido que ya va siendo hora de llegar al idílico retrete.

Nos levantamos para ir al baño.

El Molestar.
Cuando el espectador se levanta, comienzan las maldiciones por parte del resto del personal: tanto de los que están detrás de nosotros (“¡Agacha la cabeza!”, “¡Quítate de en medio!”) como los dueños de la infinidad de piernas que tenemos que atravesar cual carrera de obstáculos.

El ambiente en la sala de cine comienza a volverse hostil.

El Perderte la Película
Corres al baño porque no quieres perderte la película (aunque has aprovechado para levantarte un momento del metraje que no parecía muy intenso ni relevante), llegas al baño, te desabrochas, lo haces, te abrochas, te lavas las manos, corres a la sala, molestas a tus vecinos y te sientas. 4 minutos mínimo (o 3 si no te lavas las manos).

El Hablar y Distraer.
- “¿Qué ha pasado? ¿Me he perdido algo?
- Pues resulta que ella le había puesto los cuernos con su mejor amigo mientras él estaba de viaje visitando a su abuelita enferma.
- Ostras, qué apestosa perra.
- Ya ves, igualita que la-que-tú-ya-sabes
- Claramente, ¡cómo se la jugó al pobre Juan!

- ¡¡sssssssssssssssshhhhhhh!!!

Vuelves a molestar.

El Ruido.
Entonces, cuando todos los demás espectadores de la sala ya te la “tienen jurada”, comienza la fiesta sonora: eres tan poco cuidadoso que no te das cuenta del poderoso ruido que hacen las palomitas al verse aplastadas por tus afilados dientes y, además, te las comes justo en los momentos más silenciosos de la película, por lo que ni el peculiar señor del sombrero de la última fila se librará de la desesperante sonata que brota de tu boca y de tus manos al hurgar en la cuasi-llena bolsa de palomitas.

El Instinto Asesino.
El resto de espectadores ya no puede más: primero te levantas, luego hablas y a continuación torturas con tu melodioso cantar palomitero… Es inevitable, surgen instintos asesinos en tu interior y deseas levantarte, agarrar la bolsa de palomitas del pesado de la fila 5 y tirarlas al suelo con toda tu fuerza, mientras el resto de cinéfilos aplauden tu hazaña.

Dejas de imaginarte situaciones esperpénticamente divertidas, y te sumes en un estado de frustración que no te deja disfrutar de la película.

El Idílico Equilibrio.
Os preguntaréis, "Entonces, si comer palomitas en el cine desencadena eventos cinematográficamente apocalípticos, ¿por qué te las compras?¿Eres uno de esos pesados?"

Claramente, a mí todo esto no me pasa porque hay una guía denominada “Cómo Comer Palomitas en el Cine”, que me sé de memoria y me reservo para otra entrega de “Jerry Jones y El Cine Maldito”. Mientras tanto, tened cuidado al comer palomitas en el cine, ya sabéis la reacción en cadena que no deseáis comenzar.


Y recordadlo siempre: No es lo mismo.

Jerry

viernes, 3 de febrero de 2012

Jerry Jones y El Cine Maldito: El Cine


Como buen cinéfilo que soy, me encanta ir al cine y, a pesar de tener 21 años y poder dedicar todos los viernes del año a salir de “marcha” con mis amigos, si a mí se me ofrece un plan de cine un viernes por la noche, las posibilidades de que opte por lo primero son extremadamente remotas.

- “Jerry, espérate al DVD, o descárgate la película de Internet” – me dicen muchos de mis amigos.

A lo que yo contesto con una simple y concisa frase que yo pensaba que no tenía por qué ser explicada… hasta ahora.

- “No es lo mismo”.

Pues eso, simple y conciso pero terriblemente ambiguo para una persona que está acostumbrada a ver blockbusters en Megavídeo, con una calidad de sonido penosa, una pantalla de dimensiones microscópicas y, encima, con parones de 45 minutos entre medias.  Eso no es ver cine. Eso es hacer algo tremendamente contraproducente y absolutamente herético. No me compares ver una película en “eso”, a disfrutar de una sala grande, con una pantalla que supera los límites de tu imaginación, un sonido de calidad extrema y el encanto de poder darte la vuelta y ver, a lo lejos, cómo es proyectada una verdadera película.

En efecto. Para mí ir al cine “no es lo mismo” que malgastar el tiempo delante de un ordenador o que limitarse a ver una película en la televisión en casa porque eres demasiado vago como para sacar unas entradas de cine. [Inciso (I): aquí entran factores como el dinero, que trataré en otro artículo].

Además, ir al cine no es sólo disfrutar de una película con la calidad ya descrita… Ir al cine es una verdadera aventura que no mucha gente sabe apreciar.

Sí, el cine es un lugar que, como el Metro, cuenta con una fauna y una flora característica, con un ambiente peculiar y en el que todo tipo de cosas te pueden pasar… Por lo menos a mí.

Ante esto, a partir de ahora en “¡Malditas Críticas de Cine!” dedicaré una sección a ese “arte” de ir al cine, a esa “aventura” que nos aguarda en cada rincón de esa sala llena de butacas, con esa pantalla tan autoritaria y ese suelo que crepita cada vez que das un paso por las palomitas que se le han caído al chavalín que iba delante de ti.

Si no os lo creéis, esperaos a las nuevas entregas de esta sección… El cine me ha proporcionado un buen arsenal de anécdotas y opiniones que exceden los límites de la razón, lo comprensible o lo políticamente correcto.Y con todo ese "arsenal" espero dejar claro que ir al cine no es lo mismo que ver la película en DVD o en el ordenador... y espero convenceros.

Recordadlo siempre: "No es lo mismo".


Jerry
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